DÍA 5 SUPERVIVENCIA

Llegamos al ecuador del campamento, es un día para reflexionar y la verdad es que estamos muy orgullosos del equipo que están formando nuestros chicos y de la evolución que vemos en ellos. Parece que los niños nerviosos y asustados que subieron al autobús han quedado muy atrás y ahora tenemos valientes que se enfrentan a todo lo que les proponemos.

Hoy era un día de ponerles a prueba y por ello hemos seleccionado actividades que requerían de un gran número de habilidades. Después de desayunar nos hemos ido al pueblo. Allí comenzaba la aventura.

La actividad consistía en que nos dividíamos en grupos, cada equipo empezaba con un clip y su objetivo era conseguir hacer cambios sucesivos del objeto por otro de más valor interaccionando con los habitantes y comercios del pueblo. Parece una tarea sencilla pero entran en juego muchas variables.

En primer lugar tenemos que tener claro que las habilidades comunicativas que hemos practicado son muy importantes, porque necesitaremos explicar bien a los adultos qué es lo que necesitamos.  Para ello organizamos muy bien el discurso que queremos dar, y lo adaptamos a la persona con la que hablamos, y sobre todo tenemos en cuenta algunas cosas que nos pueden beneficiar. Así nuestros chicos han ido eligiendo quién hablaría a cada persona, por ejemplo si la dueña de la tienda era una persona mayor mandaban a los más pequeños, “ porque son más tiernos y convencen más”, era muy importante ser muy educados y agradecidos.

Después viene la difícil tarea de ponernos de acuerdo entre todos, si nos ofrecen a cambio del clip un chupachups o un paquete de arroz ¿Qué es más valioso? ¿Qué será más fácil de cambiar después?. A veces no era fácil tomar la decisión pero al final lo hemos conseguido.

Todos los grupos han hecho un trabajo maravilloso y conseguido multitud de cosas tales como comida, juguetes, regalos etc. Y lo más importante, han trabajado en equipo y se han sentido muy orgullosos.

A nuestros mayores les hemos planteado una situación más extrema. Muy serios les hemos explicado que había llegado el momento de demostrar que como mayores, son capaces de ser autónomos, así que se trataba de una tarea de supervivencia. Durante el día de hoy no les facilitaríamos la comida ni un lugar donde dormir, así que se las tenían que apañar.

Después de las caras iniciales de susto, y algún que otro mayor que ya no se sentía tan grande han decidido intentarlo. La primera conclusión a la que han llegado es que lo prioritario era mantenerse unidos y sobre todo que tenían dos opciones, convencer a la gente para que les ayudase u ofrecer a cambio de comida y cobijo algo que las personas del pueblo necesitasen.

No os imagináis lo valioso que ha sido para ellos tomar conciencia del esfuerzo y el trabajo que supone conseguir cosas que damos por hechas, y sobre todo la satisfacción de conseguirla por sus propios medios.

Cuando nos hemos querido dar cuenta ya tenían un tupper de croquetas caseras, patatas fritas, y sitio donde dormir, sin contar con el cariño de muchos de los habitantes del pueblo. Tanto que cuando les hemos confesado que teníamos comida de sobra para ellos nos han mirado con cara de “ya no os necesitamos, y las croquetas son nuestras”.

Después de comer algunos de nuestros chicos han preferido volver al campamento para montar en las piraguas, otros se han quedado en el pueblo y han podido hacer uso de parte de su dinero para comprar alguna chuche para la merienda. Así que han tenido que hacer una buena gestión del dinero, ya que el presupuesto era ajustado y no podían pasarse.

Después de un ratito merecido en la piscina hemos cenado arroz tres delicias, filete de pollo a la plancha pon ensalada o patatas y helado.

El día ha sido muy intenso y nuestros chicos han pedido una velada tranquilita así que hemos organizado un cine de verano. Han organizado todo para poder estar cómodos al aire libre mientras veíamos la película.

Así hemos dado por finalizado un día en que hemos demostrado que somos capaces de hacer más cosas de las que nos imaginábamos por nosotros mismos. Siempre teniendo la certeza de que si necesitamos ayuda podemos pedirla, y de que siempre hay gente que nos quiere y nos cuida y nos ofrecerá un lugar al que volver.